lunes, 3 de mayo de 2010

¿Fue algo positivo el cambio de mito a logos para la humanidad?


A lo largo de la historia de la humanidad se puede apreciar que desde las más pequeñas hasta las mas grandes civilizaciones como las pristinas y el mundo griego hay una “presencia” de dioses en su cultura. A pesar de que cada civilización contaba con una doctrina peculiar aún así todas basaban sus creencias a través de sus dioses.

 Hoy en día existen muchas religiones, tantas que no me alcanzaría el tiempo y conocimiento para mencionar a todas, algunas monoteístas otras politeístas, pero no importa cuantas puedan hallarse todas o por lo menos la mayoría tendrán dentro de su dogma “un ser o seres superiores”. ¿Por qué es que los seres humanos tenemos que aferrarnos a algo para vivir? (excepto los ateos que sinceramente no se cuales son sus ideales).

 Desde que el hombre desarrolla algún nivel aunque sea básico e ingenuo de curiosidad por su alrededor y comienza a preguntarse por qué la tierra gira en torno a su eje o qué son y de dónde provienen esas minúsculas lucesitas del cielo que brillan de noche, el ser humano busca respuestas e intenta explicar su origen a través de seres o fuerzas superiores que los rodean.

 Así es como surgen los mitos, historias que intentan satisfacer mentes hambrientas de explicaciones y saturadas de curiosidad. 

  “En previsión de posibles sorpresas y para asegurar su existencia, creen que todo lo que les rodea implica una alusión o hace referencia a una fuerza más potente y exterior al mundo, que, no obstante, se manifiesta, directa o indirectamente, en los acontecimientos cruciales o sorprendentes de la vida humana.....El hombre puede a pelar a ellas y a sus decisiones para explicarse el curso de los hechos”. 

 En el tiempo que los mitos aún conservaban su total verosimilitud, lo mejor conocido para los humanos era todo que ver con el “hombre” y por eso es que todo lo ven y lo interpretan de acuerdo a sus emociones y así antropomorfizan el mundo. Un segmento del texto “Myth” en la enciclopedia Inglesa hace alusión que si los animales tuvieran que originar sus dioses, y tuvieran algunas capacidades humanas como dibujar, estos dibujarían sus dioses con forma de animales y les entregarían rasgos provenientes de ellos. 

 En los seres humanos la imaginación predominaba en sus mentes que la razón. Todo lo proyectaban a través de los sentimientos y sus características humanas. El océano, la alegría, el amor etc. son todas manifestaciones que poseen rasgos humanos, aunque obviamente le adjudican “poderes” sobrenaturales y así explicar el origen de la naturaleza y su comportamiento. Se puede decir que los mitos eran en ese momento relatos populares que surgen de los mismos dioses que los humanos van fabricando. Estos tienen características que los hacen ser inconfundibles; son producto de la imaginación de los humanos y no se basan en una explicación racional, se transmiten por tradición y poseen carácter antropomórfico. 

 Sin embargo, a pesar de todas estas características que poseen, emerge la “actitud racional” en las mentes griegas, siglo VII a.c en Grecia. Esto se manifiesta cuando comienzan a brotar “huecos” que desintegran la credibilidad de sus explicaciones. La racionalidad aparece en este episodio como un modo de completación para aquellos “huecos”. ¿A qué nos referimos cuando mencionamos que llega una “actitud racional”?. En los filósofos griegos aparece la necesidad de comprender realmente como suceden las cosas sin asociarlas a fuerzas extramundanas. Para esto, los griegos emplean una nueva forma de pensar, una nueva forma de comprender al mundo, una cosmovisión. Esto es; la razón. 

 En Asia Menor los primeros pensadores griegos no se limitan ya a aceptar la versión mítica del mundo, sino que mediante argumentos racionales buscan el fundamento último de la realidad. 

 En el preciso instante que este sentimiento penetra las mentes filósofas griegas (la necesidad de descubrir que el mundo surge a través de leyes), es cuando el Logos reemplaza a los mitos para alimentar a las ya mencionadas anteriormente “hambrientas mentes humanas”.

 Logos se puede interpretar de muchas formas; habla, discurso, concepto, palabra y conocimiento, pero el término que mejor puede interpretar el Logos es la razón.

 El mito fue originado a partir de sentidos, apariencia e imaginación mientras que el Logos surgió de mentes capaces de incorporar un conocimiento perfecto de las ciencias, realidad y racionalidad.

 El traspaso de mito a logos es para muchos un concepto resumido de la filosofía, esto quiere decir que cuando despierta la intensa necesidad por conocer un mundo más allá de la imaginación en las mentes griegas, los filósofos adecuan dos principios fundamentales para discernir el concepto de Logos: el mundo es racional, en el mundo hay un logos y los humanos tenemos la capacidad de comprender la realidad y nuestro comportamiento a través de un Logos. Cuando los griegos ya son capaces de dominar estos dos principios, el Logos reemplaza por completo a los mitos.

 Ahora bien, ya que comprendemos y dominamos mejor el concepto de la aparición del mito y su reemplazo por el Logos se puede hacer referencia a una interesante pregunta, ¿fue algo positivo el cambio de mito a logos?. Primeramente para atribuir algún tipo de respuesta a esta pregunta se debe tener en claro cual fue la contribución de la razón al mundo. El Logos y su mayor contribución al mundo fue la razón, pero ¿qué es la razón?.

 Esta es la virtud que adquirió el hombre gracias a los filósofos Griegos que permite que seamos capaces de identificar conceptos, encontrar coherencias o contradicciones entre unos y otros y deducir los que ya conoce. Cuando hoy algo no nos hace sentido e intentamos comprenderlo de manera más profunda y verdadera, estamos haciendo uso de la razón. Cuando debemos distinguir del mal o del bien (para cada quien el mal y el bien es distinto) estamos haciendo uso de la razón. Todo esto son atribuciones que se desprenden del concepto de Logos. Por consiguiente, el Logos fue un gran y positivo cambio de mentalidad que hoy permite que los humanos actuemos como tal y que reflexionemos con racionalidad.

 Para terminar, deseo hacer referencia a la primera pregunta que realicé en este texto. ¿Por qué los seres humanos debemos aferrarnos a algo para vivir?. En nosotros es algo innato el sentimiento de la curiosidad. Sí nosotros viviéramos sin creer en un ser superior (o seres superiores en algunos casos) y sin aferrarnos a ni un tipo de convicción sería sumamente arduo encontrarle un sentido a la vida. ¿Por qué?. Porque no habría manera de explicarse el origen del mar, el cielo, las estrellas, el sol, la vegetación y su comportamiento, sin creer que un dios omnipotente o los dioses antropomórficos en el mundo griego han creado y manejan todo. Ya sea la creencia de los mitos y sus enseñanzas que provienen de dioses fabricados por el hombre o la creencia de la razón, el Logos. No importa cual sea nuestros ideales o nuestro dogma, siempre nos aferraremos a algo para comprender de donde provenimos.

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 1 “Despertar del pensamiento griego” Mito y logos. F.G

 2 “Desprtar del pensamiento griego” Mito y logos F.G

jueves, 22 de abril de 2010

Aceptar el cambio, aceptar el riesgo

Hace más de dos siglos el tiempo pasaba más lento. Si fuéramos transportados a 1789, sentiríamos como si nuestros relojes pararan de funcionar. Las cosas ocurrían más lento. La comunicación, al ser demorosa, complicaba las cosas dentro de las distintas monarquías, los tratados, las guerras, los desastres mundiales. No existía el concepto de lo instantáneo.

La revolución francesa se extendió por una década. Pero por más que el tiempo pasaba más lento, diez años para que el sentimiento atrancado en los burgueses por tantas generaciones salga a la luz, es mucho tiempo. Por otra parte, ¿Cuántos años le tomó a Hitler convencer a una nación? Él le inculcó a gran parte de Europa de que se arrodillase a sus pies, que las personas le alabasen y validaran todos y cada uno de sus discursos e ideas; y que también justificaran la matanza sistemática y masiva del pueblo judío, que se volvió el más hiriente de todos los genocidios étnicos de todos los tiempos. Toda esta manipulación mental en tan sólo tres años.

Entonces, ¿cómo puede ser que los relojes funcionen tan bien ahora, luego de unos cuantos años? Por un lado tenemos a un hombre que inculcó una idea a una masa de personas en tres años, y por otro lado, tenemos una revolución de parte de burgueses que tardó diez años en completarse. Si una revolución es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato, ¿por qué tardó tanto si los cambios eran necesarios hace más de un siglo? Y por más que el tiempo pasaba lento, ¿qué aconteció durante todas las décadas de disconformidad de los burgueses?


Ocurrió que un grupo de filósofos y científicos, los Ilustrados, comenzaron a desarrollar ideas necesarias para mejorar la calidad de vida en Europa ya que la monarquía absoluta estaba colapsando el sistema de vida de los burgueses y del pueblo. Entre esos brotes de ideas estaba la consideración de derechos anteriores al estado y la limitación de poderes. Lo que todas estas ideas inculcaron fue un nuevo concepto y doctrina de la soberanía, lo que trajo consigo una etapa histórica de la evolución global del pensamiento burgués.

En otras palabras, la revolución francesa cambió por completo el mundo moderno a tal punto de hacerlo irreconocible. Demostró hasta donde había llegado el poder de la burguesía y las ideas de la Ilustración. Además mostró cuán violenta puede llegar a ser una revolución. Todo esto trajo consigo consecuencias sociales. La revolución dividió a todos los países europeos entre “Conservadores” y “Liberales”, y creó un régimen novedoso con apego a los derechos ciudadanos y a la Constitución, ideas que ya se estaban concretando en la nación norteamericana.

Edmund Burke, un gran pensador político británico, publicó en 1790 la obra Reflexiones sobre la Revolución francesa en la que inaugura su denominada “epistemología de la política”, un modelo de empirismo político, que rechazaba el escaso respeto por la tradición legal consuetudinaria de los nuevos principios legales emanados de la Revolución francesa.


El texto dice: “Se pueden cambiar los nombres, sin embargo las cosas tendrán que permanecer en una u otra forma. Cierta dosis de poder debe existir en la comunidad, en una mano o en otra y con uno u otro nombre. Por consiguiente los sabios aplicarán sus remedios a los vicios, no a los hombres; a las causas del mal, que son permanentes, no a los órganos circunstanciales a través de los cuales ella actúa, ni a las formas transitorias en que ellos aparecen. De otro modo serían sabios en teoría y locos en la práctica”

Vemos claramente una mente totalmente conservadora que quiere lo mejor para su país, pero no está dispuesto a arriesgarlo todo; el cambio de la organización política lo aterra aún sabiendo su falta de eficiencia. El problema aquí es que habían pasado diez generaciones en las que Francia estuvo aprisionada y manipulada por los gobiernos monárquicos que no sólo crearon desconfianza con los burgueses en términos de préstamos, sino que no existía en ellos la capacidad de racionalizar acerca de las necesidades de un pueblo como ente político y social.

Un gran anécdota explica esta situación: Cierta vez el pueblo de París protestaba frente al castillo de Versalles por la falta de pan (a estas alturas si les faltaba pan significaba que su pobreza había llegado hasta un nivel incomprensible). Al pasar por la terraza del palacio, Maria Antonieta, reina de Francia y mujer de Luis XVI, vio la desesperación del pueblo y le dijo al mayordomo: “a falta de pan, ¡buenas son las tortas!”. Su cinismo e ingenuidad quedan más que claros.

Respecto al párrafo extraído de la obra de Edmund Burke, se entiende el concepto de aplicarle remedio a los vicios y no a los hombres. Nadie quiere guerra, mutilaciones, decapitaciones, sangre. La solución perfecta para el dilema de la monarquía absoluta sería hacer una reforma en el sistema y en los gobernantes, a menos que ellos acepten la nueva doctrina. Pero allí en Francia en el año 1789, los monarcas no tenían intenciones de cambiar el pensamiento, la ideología del momento, ni lo que ello conllevaba, por lo que naturalmente y como era de esperar, se tomaron medidas severas. Además, ¿qué perdían intentando? El desastre nacional ya estaba hecho por lo que si la revolución no funcionaba, todo iba a seguir igual, sin mayores cambios.

¿Cuánto tiempo iba a aguantar el pueblo sufriendo de hambruna y viviendo en la miseria? ¿Cuánto más aguantarían los burgueses la mala política económica por parte de la monarquía absoluta? El mercantilismo tenía que desarrollarse, el descontento de las clases populares y la vida de exagerado lujo de la corte habían llevado a Francia a un punto crítico en el que se debió tomar una decisión final. Todo eso tenía que ser reemplazado por la soberanía nacional, el reparto de poderes y el reconocimiento de las libertades individuales.

“Los puntales del buen gobierno en Francia comienzan a ceder ante los ataques sistemáticos de los ateos y su propagación no dejará estabilidad alguna en nuestra sociedad” continúa Burke. Ante esta afirmación se puede decir que no existe cambio alguno que no origine un desorden inicial. Pero de a poco ese desorden va tomando forma y se moldea para que los hombres se adapten al nuevo modelo. Todos los cambios traen inestabilidad en un principio porque la gente se tiene que adaptar. Ni en esa época ni ahora hay complejos persona-robot que no necesite tiempo para acostumbrarse a la modificación de cualquier tipo de sistema.

Los vicios se pueden cambiar, eso está claro. En cuanto a los hombres de la monarquía absoluta de 1789, ¿también?
Ronith Dayán

La revolución como fuerza creadora

Durante el período de la revolución francesa, la situación en Francia era catastrófica. Políticamente, el país se encontraba bajo el dominio de una monarquía absoluta, en donde el poder del rey y de la nobleza eran la base de este régimen. En el ámbito económico, el país se encontraba en condiciones muy precarias, con una economía totalmente arruinada, y los campesinos estaban agotados a causa del poder feudal.

Todos estos elementos se fueron acumulando durante el tiempo, como una especie de olla a presión, en donde en algún punto tuvo que explotar.

El hecho que denota por primera vez una reacción agresiva por parte de los burgueses (apoyados por los campesinos), fue cuando en medio de una agitada multitud revolucionaria formada por hombres y mujeres, saturados de injusticias y de hambre, se dirigen violentamente a la Bastilla, símbolo del régimen absolutista.

La verdad, es que en mi opinión, dada la situación que vivía el pueblo en ese entonces, este heroico acto fue clave y absolutamente necesario para efectos de un estado en el cual puedan tener participación, voz, y derechos como hombres y ciudadanos. En la práctica, la realidad comenzó a cambiar, ya que esta manifestación atemorizó a los partidarios del antiguo sistema, y sirvió para inclinar la balanza a favor de los revolucionarios, desplazando de esa manera a los nobles y partidarios de un estado basado en el absolutismo.

El pueblo, específicamente el tercer estado, que correspondía al noventa y ocho por ciento de la población, antes de la toma de la Bastilla se encontraba en condiciones realmente insalubres, con niveles de pobrezas que no podían ser peores, y sin derechos políticos. Esta situación fue así por ciclos y sólo iba empeorando a través de los años.

Esta más que claro, que los nobles, la iglesia y la aristocracia (el primer y segundo estado), no reaccionaba frente a las necesidades de las personas, y eran completamente intransigentes con sus comodidades. Es por esta razón que el pueblo reaccionó de manera tan violenta, ya que era la única manera de ser escuchados.

Paralelamente a esto, en las zonas rurales también hubo fuertes levantamientos por parte de los campesinos en contra de los señores feudales, los cuales fueron asesinados y sus propiedades saqueadas e incendiadas. A este movimiento popular que busca la justicia y fraternidad se le conoce como el período del “Gran Miedo.”

Debo admitir que el comportamiento de los campesinos pudo talvez haber sido un tanto menos violento, pero para esta situación, considerando la calidad de vida que tenían en esos momentos, ya sea en el ámbito social, económico o político, el fin justifica bastante los medios. Esto se debe principalmente a que el fin era completamente legítimo para todo ser humano, y no había otra opción para conseguir lo que deseaban si no era a través de la agresividad y la violencia, ya que era imposible negociar con la aristocracia francesa.

Robespierre, quien fue uno de los más importantes líderes de la revolución francesa y es conocido por su dedicación y pasión al proceso revolucionario, escribió “La teoría del gobierno revolucionario”. Esto nos ayuda a entender de manera más objetiva el por qué era necesario que aconteciera una revolución, y la razón por la que esta afecto de manera positiva al país.

Robespierre hace diferencias claras y explícitas entre un gobierno constitucional, y uno revolucionario. Él dice que el principio del gobierno constitucional es conservar la República, mientras que la del gobierno revolucionario es fundarla. También, señala que el gobierno constitucional se ocupa principalmente de la libertad civil, y el gobierno revolucionario de la libertad pública.

Bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público, mientras que bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. Por último, y a modo de conclusión, finaliza diciendo que el gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional, a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte.

De esta teoría, podemos observar todas las ventajas que aporta el hecho que un país sea regido por un gobierno revolucionario, siendo esta la única forma de que el pueblo sea escuchado, tenga protección nacional y tenga libertad pública, y por lo tanto, para esos efectos la revolución era muy necesaria. Robespierre en su teoría dice que un gobierno constitucional simplemente conserva, mientras que un gobierno revolucionario va mucho más allá que eso, creando una nación y creando un país.

Estoy seguro de que él estaría muy orgulloso de lo que hizo como líder revolucionario, ya que no solo fue un aporte para su país, sino también fue una gran influencia y ejemplo para otros países del mundo que querían seguir estos pasos. Por otro lado, según Maximilien Robespierre, la revolución tiene un valor intrínseco, no es simplemente un medio, sino más bien el pueblo en sí, en su máxima expresión, unidos por ideales que son la motivación para luchar con tanta fuerza y pasión.

A modo de conclusión, los ideales revolucionarios fueron la base de todas las reformas liberales de Francia y Europa que se realizaron en el siglo XIX, así como también sirvieron de motor ideológico a las naciones latinoamericanas independizadas en ese mismo siglo. Esta ha sido una de las revoluciones más importantes en la historia, porque marcó un antes y un después en el mundo, y fue, y continua siendo la clave de la democracia.

La revolución funda a la nación, y no al revés, pero ¿qué es una nación? Desde el punto de vista socio-ideológico se puede entender a grandes rasgos, como una comunidad humana con ciertas características culturales e ideológicas comunes. Esto es exactamente lo que crea una revolución, que el pueblo se una, compartiendo ideales y objetivos en común, y esto es justamente una de las principales importancias de la revolución francesa, el hecho que fue fundadora de una nación, siendo esto un acto creativo, y no simplemente conservador.

miércoles, 21 de abril de 2010

Conceptos y Consecuencia: La visión Jacobina de la revolución

A quienes intenten encontrar razón y busquen justificaciones para lo que fue la revolución francesa debo mencionar que, a mi parecer, no comprenden la revolución a cabalidad ni logran absorber apropiadamente los mensajes que en ella estaban implícitos. La revolución francesa no requiere justificaciones ya que no es un proceso aleatorio, sino que es una justificación en si misma: justifica el concepto de nación que vemos a nuestro alrededor hoy en día, a más de dos siglos de finalizada la revolución. Una idea de nación que engloba tres conceptos fundamentales que se vieron fuertemente popularizados durante la última mitad del siglo XVIII: Igualdad, fraternidad y libertad.
No deseo caer en el panfleto ni en la caricaturización y, es por esto que procederé a explayarme en cuanto a lo previamente mencionado para no caer en el error de hacer juicios sin argumentos.
Para comprender la importancia de la revolución hay que situarse en un contexto histórico, social y político correspondientes. La Francia de 1789 era una monarquía desgastada del tipo absolutista que presionaba a la burguesía y limitaba su capacidad de crecimiento, pero además, no se detenía a escuchar al bajo pueblo por lo que no solo burgueses se veían afectados sino también campesinos, artesanos y comerciantes menores. Cabe mencionar que las antiguas ideas de la superioridad de la nobleza habían sido debilitadas ya que “
los escritores del siglo XVIII, filósofos, politólogos, científicos y economistas, denominados philosophes, … contribuyeron a minar las bases del Derecho Divino de los reyes. Pero ya en el racionalismo de René Descartes podría quizá encontrarse el fundamento filosófico de la Revolución. De este modo, la sola proposición «Pienso, luego existo» llevaría implícito el proceso contra Luis XVI.”[i]

Considerando el contexto histórico recién mencionado se puede comprender la revolución a través de los conceptos de igualdad, fraternidad y libertad.


En primer lugar, al ser oprimidos los burgueses y bajo pueblo se puede comprender la formación de líneas de pensamiento propias de Jacobinos y Sans-Culottes. Los Jacobinos tenían como objetivo desde un inició terminar con la situación de poder y libertinaje absoluto de Luis XVI ya que veían como sus derechos eran restringidos siempre en función de la conveniencia del máximo soberano. Los Sans-Culottes, sin tener la educación ni medios, pasaron a ser, de manera casi natural, el grupo de choque de la revolución. Ambos grupos dejaron de tolerar la indiferencia que las altas esferas tenían hacia ellos y se propusieron a batallar contra la injusticia. Fue este preciso hecho que nos permite gozar en los estados de derecho moderno gozar de igualdad. En otras palabras, Jacobinos y Sans-Culottes pudieron demostrar que las desigualdades y abusos son inaceptables y que, más importante aún, se puede y se debe luchar contra ella.


En segundo lugar, es menester mencionar que la revolución cobró sus víctimas especialmente en el periodo conocido como “El Terror” que es asociado al mayor punto de dominación Jacobina. Bajo este punto de vista si quien escribe considerara estas matanzas como algo espontaneo y que requiere algún tipo de justificación post-facto no tendría muchas posibilidades más que cerrar mi procesador de texto y retirarme pensando en que la revolución no fue más que una carnicería brutal en donde se perdieron los conceptos de dignidad y derecho de la vida. Pero, en lo personal y como he comentado más arriba[ii], considero que la revolución no fue un proceso espontaneo sino que contenía un bagaje de ideas y conceptos nuevos para la Francia monárquica y es aquí donde entra en juego el concepto de fraternidad. Maximilien Robespierre, al asesinar a sus enemigos políticos tenía en cuenta que estos amenazaban con causar una involución del proceso recorrido y volver al sistema monárquico opresivo. Robespierre probablemente veía en esto una injusticia hacia los más desposeídos y consideraba oportuno empatizar con quienes más habían aportado al proceso revolucionario. Además, los enemigos políticos de Maximilien no tomaban en consideración el costo humano de devolver al sufrimiento a quienes ya lo habían soportado por largo tiempo y es, bajo esta mirada que los actos de Robespierre son nobles ya que defendió a quienes lo habían apoyado y castigó a quienes no tenían interés de tomar parte en una sociedad de justicia y de derecho. Los actos de Robespierre, examinados bajo el prisma correcto, nos dan una muestra de cómo compañeros y hermanos deben ser protegidos por lo que ellos nos han dado y por la responsabilidad social de mantener una nación con objetivos claros. Robespierre nos enseña el concepto de fraternidad al no permitir el daño a los semejantes.


Por último, la revolución dio paso a algo que hoy damos por sentado en los estados modernos: la libre expresión sobre los sistemas de gobierno. En la mayoría de los estados modernos desarrollados o en vías de desarrollo se encuentran una serie de partidos políticos que dan cabida a las distintas miradas que se tienen sobre la forma de gobernar. Esta posibilidad que tiene cualquier ciudadano para defender sus puntos de vista y encontrar un representante digno en las altas esferas de un país ha llegado como legado al mundo occidental gracias a la revolución francesa y, en especial, gracias a la participación Jacobina. Me explico, los Jacobinos son los principales responsables de abrir el dialogo previó a la revolución ya que los Sans-Culottes no tenían los medios para esto y los Girondinos eran mesurados en el extremo y no hubieran permitido de buena voluntad la radicalización del diálogo, de hecho, de esta diferencia entre Girondinos y Jacobinos “
proviene la posterior división entre partidos de derecha y de izquierda, según sean conservadores en su accionar político o propongan medidas tendientes a cambios profundos y violentos.”[iii] En otras palabras, fue la iniciativa de cambio Jacobina que permitió desarrollar nociones de libertad política y de opinión.

Concluyo así mencionando que la Revolución fue un proceso en que se siguieron ideales originales y que cada detalle y detalle puede encontrar su explicación una forma de actuar coherente y consecuente que dejan un legado al mundo contemporáneo. Puedo, de esta manera consolidar la idea planteada al comienzo de este texto la Revolución no requiere justificaciones, sino que es en gran medida la justificación de lo que vemos hoy en día a nuestro alrededor.


[i] http://es.wikipedia.org/wiki/Revoluci%C3%B3n_francesa

[ii] Supra. Pág. 1 párrafo 1

[iii] http://www.laguia2000.com/francia/jacobinos-y-girondinos

La Mirada Jacobina de la Revolución

Es francamente imposible analizar un proceso revolucionario como lo es la Revolución Francesa única y exclusivamente bajo una mirada social, política o económica, sino es necesario cohesionar estas tres y analizarlas como si fueran una, para luego comprender y efectivamente dimensionar lo vital que fue este proceso llevado a cabo bajo tutela jacobina.

Primeramente, es necesario mencionar que la situación por la cual atravesaba Francia en siglo XVIII era extremadamente desigual entre las distintas clases sociales de aquella época. Existía un régimen monárquico rígido e inflexible que oprimía constantemente a las clases más bajas de la sociedad, acompañado de una aristocracia feudal que al igual que este oprimía a las clases populares.

Desde el punto de vista económico, existía una inmanejable deuda estatal, producida principalmente por el amparo hacia la independencia estadounidense y sus causas, que fue tratada deficientemente bajo el concepto de impuestos, los cuales eran totalmente arbitrarios al no ser remunerados por el clero ni la aristocracia. Además, Francia se veía inmersa ante un descenso radical de la producción agrícola lo que originaba una considerable escasez de alimentos.

Bajo esta estrepitosa situación, una nueva concepción política comenzó a surgir progresivamente, ideas expuestas por Voltaire, Rousseau y Montesquieu fueron fundamentales para agitar la masa popular bajo los principios de: libertad, fraternidad, e igualdad y así despertar poco a poco a ese silente pueblo que aclamaba por el quiebre de las instituciones pertenecientes al Antiguo Régimen.

Esta serie de sucesos desencadenaron una crisis a nivel nacional, el pueblo compuesto por las clases más bajas acompañado por una ferviente burguesía harían colapsar el antiguo modelo monárquico francés que tanto los apremiaba, constituyendo un ala liberal, republicana, con una visión de indivisibilidad nacional y estrictamente defensora de la soberanía popular, ellos eran los jacobinos, quienes estaban dispuestos a luchar contra el régimen monárquico, contra la pasividad mayúscula con que los girondinos afrontaban la situación, con un motivo tan obvio para nosotros hoy en día, pero tan difuso para aquel pueblo que reclamaba equidad y justicia en aquellos tiempos.

Las ideas revolucionarias jacobinas descasarían bajo el argumento o más bien fundamento de carácter filosófico impuesto por Rousseau: “La soberanía reside en el pueblo y no en un dirigente o cuerpo gobernante”, realizando una fuerte crítica al sistema que se desarrollaba en aquella época. Pero Rousseau no sería el único intelectual que trataría de poner fin al Antiguo Régimen, sino también Descartes expondría una grandiosa reflexión racionalista: “Pienso, luego existo”, tan bella reflexión no iba a pasar desapercibida, por el contrario, resultó ser una interrogante para el pueblo. Ésta, tendría diversos objetivos, dentro de ellos era concientizar a los más desposeídos sobre la situación existente, a pensar por qué la sociedad se conformaba bajo ese régimen, a increpar a esa injusta alianza conformada por monarcas, aristócratas y el clero, a reflexionar antes de existir y así no someterse a una vida que era totalmente inmerecida y banal como se practicaba previo a la revolución.

Sin duda alguna estas reflexiones serían el sustento o apoyo ideológico de la postura jacobina en la revolución, que posteriormente darían libertad al presidio constante que atormentaba al pueblo.

Si tan solo monsieur Robespierre se encontrara vivo, nos relataría la importancia del proceso que debió vivir Francia, sus halagos se basarían principalmente en la toma de la Bastilla, como una acción heroica y también simbólica, representando el seísmo del Antiguo Régimen. Si tan ilustre personaje se encontrara vivo, le diría que incluso el uso de la violencia fue necesario para conservar la República y no caer nuevamente en manos monárquicas, que no solo los jacobinos fueron quienes usaron la fuerza y todo el vigor de ese pueblo acallado durante años, sino también los girondinos hacían uso de esta en actos de extrema cobardía, como lo ilustra Jacques-Louis David en su óleo, representando la muerte de ese férreo jacobino, como lo fue Jean-Paul Marat.

La Revolución Francesa aportó considerablemente en diversos ámbitos que hoy podemos reconocer y admirar. Dentro de estos, se encuentra la abolición al sistema feudal, el cual era uno de los pilares de la inequidad social, se dio un fuerte golpe a la monarquía absoluta, surgió la creación de una República como bien mencioné anteriormente, se establecieron declaraciones de los derechos del hombre y la ciudadanía lo cual acentuaba aún más un ambiente de justicia dentro de esta nueva República, en 1794 fue posible separar a la Iglesia del Estado y sus respectivos intereses, la burguesía puedo consolidarse fuertemente no sólo en Francia sino en toda Europa y se fomentaron los movimientos nacionalistas lo que posibilitó grandes reformas a nivel global lo que difundió ideas democráticas.

Como bien es posible constatar anteriormente, la Revolución Francesa aportó en diversas áreas, haciéndose presente hasta el día de hoy, pero temo que si no hubiera sido por hombres como Rousseau, Voltaire, Montesquieu, Descartes y el propio Robespierre, estas no se podrían haber originado.

Por esta razón, creo que el actuar jacobino inspirado en un agónico llanto por parte del pueblo, aquel pueblo que debió subyugarse durante siglos de mandato monárquico fue fundamental para establecer un nuevo orden, caracterizado por la libertad, fraternidad e igualdad, preceptos esenciales de hoy en día, que de no ser por el actuar jacobino durante la Revolución Francesa hubieran sido postergados por siglos o incluso jamás revelados.