A lo largo de la historia de la humanidad se puede apreciar que desde las más pequeñas hasta las mas grandes civilizaciones como las pristinas y el mundo griego hay una “presencia” de dioses en su cultura. A pesar de que cada civilización contaba con una doctrina peculiar aún así todas basaban sus creencias a través de sus dioses.
lunes, 3 de mayo de 2010
¿Fue algo positivo el cambio de mito a logos para la humanidad?
jueves, 22 de abril de 2010
Aceptar el cambio, aceptar el riesgo
La revolución francesa se extendió por una década. Pero por más que el tiempo pasaba más lento, diez años para que el sentimiento atrancado en los burgueses por tantas generaciones salga a la luz, es mucho tiempo. Por otra parte, ¿Cuántos años le tomó a Hitler convencer a una nación? Él le inculcó a gran parte de Europa de que se arrodillase a sus pies, que las personas le alabasen y validaran todos y cada uno de sus discursos e ideas; y que también justificaran la matanza sistemática y masiva del pueblo judío, que se volvió el más hiriente de todos los genocidios étnicos de todos los tiempos. Toda esta manipulación mental en tan sólo tres años.
Entonces, ¿cómo puede ser que los relojes funcionen tan bien ahora, luego de unos cuantos años? Por un lado tenemos a un hombre que inculcó una idea a una masa de personas en tres años, y por otro lado, tenemos una revolución de parte de burgueses que tardó diez años en completarse. Si una revolución es el cambio o transformación radical y profunda respecto al pasado inmediato, ¿por qué tardó tanto si los cambios eran necesarios hace más de un siglo? Y por más que el tiempo pasaba lento, ¿qué aconteció durante todas las décadas de disconformidad de los burgueses?
Ocurrió que un grupo de filósofos y científicos, los Ilustrados, comenzaron a desarrollar ideas necesarias para mejorar la calidad de vida en Europa ya que la monarquía absoluta estaba colapsando el sistema de vida de los burgueses y del pueblo. Entre esos brotes de ideas estaba la consideración de derechos anteriores al estado y la limitación de poderes. Lo que todas estas ideas inculcaron fue un nuevo concepto y doctrina de la soberanía, lo que trajo consigo una etapa histórica de la evolución global del pensamiento burgués.
En otras palabras, la revolución francesa cambió por completo el mundo moderno a tal punto de hacerlo irreconocible. Demostró hasta donde había llegado el poder de la burguesía y las ideas de la Ilustración. Además mostró cuán violenta puede llegar a ser una revolución. Todo esto trajo consigo consecuencias sociales. La revolución dividió a todos los países europeos entre “Conservadores” y “Liberales”, y creó un régimen novedoso con apego a los derechos ciudadanos y a la Constitución, ideas que ya se estaban concretando en la nación norteamericana.
Edmund Burke, un gran pensador político británico, publicó en 1790 la obra Reflexiones sobre la Revolución francesa en la que inaugura su denominada “epistemología de la política”, un modelo de empirismo político, que rechazaba el escaso respeto por la tradición legal consuetudinaria de los nuevos principios legales emanados de la Revolución francesa.
El texto dice: “Se pueden cambiar los nombres, sin embargo las cosas tendrán que permanecer en una u otra forma. Cierta dosis de poder debe existir en la comunidad, en una mano o en otra y con uno u otro nombre. Por consiguiente los sabios aplicarán sus remedios a los vicios, no a los hombres; a las causas del mal, que son permanentes, no a los órganos circunstanciales a través de los cuales ella actúa, ni a las formas transitorias en que ellos aparecen. De otro modo serían sabios en teoría y locos en la práctica”
Vemos claramente una mente totalmente conservadora que quiere lo mejor para su país, pero no está dispuesto a arriesgarlo todo; el cambio de la organización política lo aterra aún sabiendo su falta de eficiencia. El problema aquí es que habían pasado diez generaciones en las que Francia estuvo aprisionada y manipulada por los gobiernos monárquicos que no sólo crearon desconfianza con los burgueses en términos de préstamos, sino que no existía en ellos la capacidad de racionalizar acerca de las necesidades de un pueblo como ente político y social.
Un gran anécdota explica esta situación: Cierta vez el pueblo de París protestaba frente al castillo de Versalles por la falta de pan (a estas alturas si les faltaba pan significaba que su pobreza había llegado hasta un nivel incomprensible). Al pasar por la terraza del palacio, Maria Antonieta, reina de Francia y mujer de Luis XVI, vio la desesperación del pueblo y le dijo al mayordomo: “a falta de pan, ¡buenas son las tortas!”. Su cinismo e ingenuidad quedan más que claros.
Respecto al párrafo extraído de la obra de Edmund Burke, se entiende el concepto de aplicarle remedio a los vicios y no a los hombres. Nadie quiere guerra, mutilaciones, decapitaciones, sangre. La solución perfecta para el dilema de la monarquía absoluta sería hacer una reforma en el sistema y en los gobernantes, a menos que ellos acepten la nueva doctrina. Pero allí en Francia en el año 1789, los monarcas no tenían intenciones de cambiar el pensamiento, la ideología del momento, ni lo que ello conllevaba, por lo que naturalmente y como era de esperar, se tomaron medidas severas. Además, ¿qué perdían intentando? El desastre nacional ya estaba hecho por lo que si la revolución no funcionaba, todo iba a seguir igual, sin mayores cambios.
¿Cuánto tiempo iba a aguantar el pueblo sufriendo de hambruna y viviendo en la miseria? ¿Cuánto más aguantarían los burgueses la mala política económica por parte de la monarquía absoluta? El mercantilismo tenía que desarrollarse, el descontento de las clases populares y la vida de exagerado lujo de la corte habían llevado a Francia a un punto crítico en el que se debió tomar una decisión final. Todo eso tenía que ser reemplazado por la soberanía nacional, el reparto de poderes y el reconocimiento de las libertades individuales.
“Los puntales del buen gobierno en Francia comienzan a ceder ante los ataques sistemáticos de los ateos y su propagación no dejará estabilidad alguna en nuestra sociedad” continúa Burke. Ante esta afirmación se puede decir que no existe cambio alguno que no origine un desorden inicial. Pero de a poco ese desorden va tomando forma y se moldea para que los hombres se adapten al nuevo modelo. Todos los cambios traen inestabilidad en un principio porque la gente se tiene que adaptar. Ni en esa época ni ahora hay complejos persona-robot que no necesite tiempo para acostumbrarse a la modificación de cualquier tipo de sistema.
Los vicios se pueden cambiar, eso está claro. En cuanto a los hombres de la monarquía absoluta de 1789, ¿también?
La revolución como fuerza creadora
Durante el período de la revolución francesa, la situación en Francia era catastrófica. Políticamente, el país se encontraba bajo el dominio de una monarquía absoluta, en donde el poder del rey y de la nobleza eran la base de este régimen. En el ámbito económico, el país se encontraba en condiciones muy precarias, con una economía totalmente arruinada, y los campesinos estaban agotados a causa del poder feudal.
Todos estos elementos se fueron acumulando durante el tiempo, como una especie de olla a presión, en donde en algún punto tuvo que explotar.
El hecho que denota por primera vez una reacción agresiva por parte de los burgueses (apoyados por los campesinos), fue cuando en medio de una agitada multitud revolucionaria formada por hombres y mujeres, saturados de injusticias y de hambre, se dirigen violentamente a la Bastilla, símbolo del régimen absolutista.
La verdad, es que en mi opinión, dada la situación que vivía el pueblo en ese entonces, este heroico acto fue clave y absolutamente necesario para efectos de un estado en el cual puedan tener participación, voz, y derechos como hombres y ciudadanos. En la práctica, la realidad comenzó a cambiar, ya que esta manifestación atemorizó a los partidarios del antiguo sistema, y sirvió para inclinar la balanza a favor de los revolucionarios, desplazando de esa manera a los nobles y partidarios de un estado basado en el absolutismo.
El pueblo, específicamente el tercer estado, que correspondía al noventa y ocho por ciento de la población, antes de la toma de la Bastilla se encontraba en condiciones realmente insalubres, con niveles de pobrezas que no podían ser peores, y sin derechos políticos. Esta situación fue así por ciclos y sólo iba empeorando a través de los años.
Esta más que claro, que los nobles, la iglesia y la aristocracia (el primer y segundo estado), no reaccionaba frente a las necesidades de las personas, y eran completamente intransigentes con sus comodidades. Es por esta razón que el pueblo reaccionó de manera tan violenta, ya que era la única manera de ser escuchados.
Paralelamente a esto, en las zonas rurales también hubo fuertes levantamientos por parte de los campesinos en contra de los señores feudales, los cuales fueron asesinados y sus propiedades saqueadas e incendiadas. A este movimiento popular que busca la justicia y fraternidad se le conoce como el período del “Gran Miedo.”
Debo admitir que el comportamiento de los campesinos pudo talvez haber sido un tanto menos violento, pero para esta situación, considerando la calidad de vida que tenían en esos momentos, ya sea en el ámbito social, económico o político, el fin justifica bastante los medios. Esto se debe principalmente a que el fin era completamente legítimo para todo ser humano, y no había otra opción para conseguir lo que deseaban si no era a través de la agresividad y la violencia, ya que era imposible negociar con la aristocracia francesa.
Robespierre, quien fue uno de los más importantes líderes de la revolución francesa y es conocido por su dedicación y pasión al proceso revolucionario, escribió “La teoría del gobierno revolucionario”. Esto nos ayuda a entender de manera más objetiva el por qué era necesario que aconteciera una revolución, y la razón por la que esta afecto de manera positiva al país.
Robespierre hace diferencias claras y explícitas entre un gobierno constitucional, y uno revolucionario. Él dice que el principio del gobierno constitucional es conservar la República, mientras que la del gobierno revolucionario es fundarla. También, señala que el gobierno constitucional se ocupa principalmente de la libertad civil, y el gobierno revolucionario de la libertad pública.
Bajo el régimen constitucional es suficiente con proteger a los individuos de los abusos del poder público, mientras que bajo el régimen revolucionario, el propio poder público está obligado a defenderse contra todas las facciones que le ataquen. Por último, y a modo de conclusión, finaliza diciendo que el gobierno revolucionario debe a los buenos ciudadanos toda la protección nacional, a los enemigos del pueblo no les debe sino la muerte.
De esta teoría, podemos observar todas las ventajas que aporta el hecho que un país sea regido por un gobierno revolucionario, siendo esta la única forma de que el pueblo sea escuchado, tenga protección nacional y tenga libertad pública, y por lo tanto, para esos efectos la revolución era muy necesaria. Robespierre en su teoría dice que un gobierno constitucional simplemente conserva, mientras que un gobierno revolucionario va mucho más allá que eso, creando una nación y creando un país.
Estoy seguro de que él estaría muy orgulloso de lo que hizo como líder revolucionario, ya que no solo fue un aporte para su país, sino también fue una gran influencia y ejemplo para otros países del mundo que querían seguir estos pasos. Por otro lado, según Maximilien Robespierre, la revolución tiene un valor intrínseco, no es simplemente un medio, sino más bien el pueblo en sí, en su máxima expresión, unidos por ideales que son la motivación para luchar con tanta fuerza y pasión.
A modo de conclusión, los ideales revolucionarios fueron la base de todas las reformas liberales de Francia y Europa que se realizaron en el siglo XIX, así como también sirvieron de motor ideológico a las naciones latinoamericanas independizadas en ese mismo siglo. Esta ha sido una de las revoluciones más importantes en la historia, porque marcó un antes y un después en el mundo, y fue, y continua siendo la clave de la democracia.
La revolución funda a la nación, y no al revés, pero ¿qué es una nación? Desde el punto de vista socio-ideológico se puede entender a grandes rasgos, como una comunidad humana con ciertas características culturales e ideológicas comunes. Esto es exactamente lo que crea una revolución, que el pueblo se una, compartiendo ideales y objetivos en común, y esto es justamente una de las principales importancias de la revolución francesa, el hecho que fue fundadora de una nación, siendo esto un acto creativo, y no simplemente conservador.
miércoles, 21 de abril de 2010
Conceptos y Consecuencia: La visión Jacobina de la revolución
No deseo caer en el panfleto ni en la caricaturización y, es por esto que procederé a explayarme en cuanto a lo previamente mencionado para no caer en el error de hacer juicios sin argumentos.
Para comprender la importancia de la revolución hay que situarse en un contexto histórico, social y político correspondientes.
Considerando el contexto histórico recién mencionado se puede comprender la revolución a través de los conceptos de igualdad, fraternidad y libertad.
En primer lugar, al ser oprimidos los burgueses y bajo pueblo se puede comprender la formación de líneas de pensamiento propias de Jacobinos y Sans-Culottes. Los Jacobinos tenían como objetivo desde un inició terminar con la situación de poder y libertinaje absoluto de Luis XVI ya que veían como sus derechos eran restringidos siempre en función de la conveniencia del máximo soberano. Los Sans-Culottes, sin tener la educación ni medios, pasaron a ser, de manera casi natural, el grupo de choque de la revolución. Ambos grupos dejaron de tolerar la indiferencia que las altas esferas tenían hacia ellos y se propusieron a batallar contra la injusticia. Fue este preciso hecho que nos permite gozar en los estados de derecho moderno gozar de igualdad. En otras palabras, Jacobinos y Sans-Culottes pudieron demostrar que las desigualdades y abusos son inaceptables y que, más importante aún, se puede y se debe luchar contra ella.
En segundo lugar, es menester mencionar que la revolución cobró sus víctimas especialmente en el periodo conocido como “El Terror” que es asociado al mayor punto de dominación Jacobina. Bajo este punto de vista si quien escribe considerara estas matanzas como algo espontaneo y que requiere algún tipo de justificación post-facto no tendría muchas posibilidades más que cerrar mi procesador de texto y retirarme pensando en que la revolución no fue más que una carnicería brutal en donde se perdieron los conceptos de dignidad y derecho de la vida. Pero, en lo personal y como he comentado más arriba[ii], considero que la revolución no fue un proceso espontaneo sino que contenía un bagaje de ideas y conceptos nuevos para
Por último, la revolución dio paso a algo que hoy damos por sentado en los estados modernos: la libre expresión sobre los sistemas de gobierno. En la mayoría de los estados modernos desarrollados o en vías de desarrollo se encuentran una serie de partidos políticos que dan cabida a las distintas miradas que se tienen sobre la forma de gobernar. Esta posibilidad que tiene cualquier ciudadano para defender sus puntos de vista y encontrar un representante digno en las altas esferas de un país ha llegado como legado al mundo occidental gracias a la revolución francesa y, en especial, gracias a la participación Jacobina. Me explico, los Jacobinos son los principales responsables de abrir el dialogo previó a la revolución ya que los Sans-Culottes no tenían los medios para esto y los Girondinos eran mesurados en el extremo y no hubieran permitido de buena voluntad la radicalización del diálogo, de hecho, de esta diferencia entre Girondinos y Jacobinos “proviene la posterior división entre partidos de derecha y de izquierda, según sean conservadores en su accionar político o propongan medidas tendientes a cambios profundos y violentos.”[iii] En otras palabras, fue la iniciativa de cambio Jacobina que permitió desarrollar nociones de libertad política y de opinión.
Concluyo así mencionando que
La Mirada Jacobina de la Revolución
Es francamente imposible analizar un proceso revolucionario como lo es Primeramente, es necesario mencionar que la situación por la cual atravesaba Francia en siglo XVIII era extremadamente desigual entre las distintas clases sociales de aquella época. Existía un régimen monárquico rígido e inflexible que oprimía constantemente a las clases más bajas de la sociedad, acompañado de una aristocracia feudal que al igual que este oprimía a las clases populares.
Desde el punto de vista económico, existía una inmanejable deuda estatal, producida principalmente por el amparo hacia la independencia estadounidense y sus causas, que fue tratada deficientemente bajo el concepto de impuestos, los cuales eran totalmente arbitrarios al no ser remunerados por el clero ni la aristocracia. Además, Francia se veía inmersa ante un descenso radical de la producción agrícola lo que originaba una considerable escasez de alimentos.
Bajo esta estrepitosa situación, una nueva concepción política comenzó a surgir progresivamente, ideas expuestas por Voltaire, Rousseau y Montesquieu fueron fundamentales para agitar la masa popular bajo los principios de: libertad, fraternidad, e igualdad y así despertar poco a poco a ese silente pueblo que aclamaba por el quiebre de las instituciones pertenecientes al Antiguo Régimen.
Esta serie de sucesos desencadenaron una crisis a nivel nacional, el pueblo compuesto por las clases más bajas acompañado por una ferviente burguesía harían colapsar el antiguo modelo monárquico francés que tanto los apremiaba, constituyendo un ala liberal, republicana, con una visión de indivisibilidad nacional y estrictamente defensora de la soberanía popular, ellos eran los jacobinos, quienes estaban dispuestos a luchar contra el régimen monárquico, contra la pasividad mayúscula con que los girondinos afrontaban la situación, con un motivo tan obvio para nosotros hoy en día, pero tan difuso para aquel pueblo que reclamaba equidad y justicia en aquellos tiempos.
Las ideas revolucionarias jacobinas descasarían bajo el argumento o más bien fundamento de carácter filosófico impuesto por Rousseau: “La soberanía reside en el pueblo y no en un dirigente o cuerpo gobernante”, realizando una fuerte crítica al sistema que se desarrollaba en aquella época. Pero Rousseau no sería el único intelectual que trataría de poner fin al Antiguo Régimen, sino también Descartes expondría una grandiosa reflexión racionalista: “Pienso, luego existo”, tan bella reflexión no iba a pasar desapercibida, por el contrario, resultó ser una interrogante para el pueblo. Ésta, tendría diversos objetivos, dentro de ellos era concientizar a los más desposeídos sobre la situación existente, a pensar por qué la sociedad se conformaba bajo ese régimen, a increpar a esa injusta alianza conformada por monarcas, aristócratas y el clero, a reflexionar antes de existir y así no someterse a una vida que era totalmente inmerecida y banal como se practicaba previo a la revolución.
Sin duda alguna estas reflexiones serían el sustento o apoyo ideológico de la postura jacobina en la revolución, que posteriormente darían libertad al presidio constante que atormentaba al pueblo.
Si tan solo monsieur Robespierre se encontrara vivo, nos relataría la importancia del proceso que debió vivir Francia, sus halagos se basarían principalmente en la toma de
Como bien es posible constatar anteriormente,
Por esta razón, creo que el actuar jacobino inspirado en un agónico llanto por parte del pueblo, aquel pueblo que debió subyugarse durante siglos de mandato monárquico fue fundamental para establecer un nuevo orden, caracterizado por la libertad, fraternidad e igualdad, preceptos esenciales de hoy en día, que de no ser por el actuar jacobino durante